June 17 2009
Matisse 1917-1941. Los años voluptuosos

En Madrid en el Museo Thyssen – Bornemisza podemos gozar de una retrospectiva para no perderse de Henri Matisse (1869-1954), uno de los pintores más relevantes del siglo XX. Con obras realizadas desde 1917, cuando se retiró en Niza, hasta 1941 en los inicios de la 2ª Guerra Mundial, su período menos conocido.
Un recorrido por pinturas y esculturas que anticipan intensidad y belleza. Obras encabalgadas entre la introspección y el experimentalismo que dirigen su mirada con serena lucidez a la Europa convulsionada de principios del siglo pasado. En la Costa Azul, en Niza encuentra de nuevo la luz, la alegría de vivir.
Pinta en homenaje a Delacroix, Ingres y Renoir su serie de odaliscas.
Ellas “fueron los frutos abundantes de una nostalgia feliz, de un bello sueño viviente y, al mismo tiempo, de una experiencia vivida en el éxtasis casi completo de los días y las noches, en el encanto de aquel clima extraordinario” afirma el artista.
Hasta 1916, Matisse trabaja en obras de gran formato, La danza, La música, Los marroquíes o Las bañistas en el río. Cuando en su juventud recorría el Museo del Louvre, su referencia fundamental era Chardin, y vuelve a ser central para él en sus primeros años en Niza, en la tradición de la pintura de intimidad y silencio. Sus obras monumentales como La danza, los cuadros bidimensionales, en verdes y azules con figuras en bermellón forman parte de su pasado. En estos años vive ensimismado, en un posible intento de alejarse de la realidad. La I Guerra lo ha cambiado todo.
Matisse reflexiona sobre el sentido de su pintura. Busca un cambio y se concentra en trabajar lo que llamó la pintura de intimidad.
Ha dejado su estudio de Issy les Moulineaux, próximo a París, y viaja a Niza donde intenta un nuevo modo de representar la profundidad.
Matisse vive en Niza lejos de la familia, de sus hijos y su mujer.Vive en hoteles, solo con sus pinturas. Apenas se lo ve por las estrechas calles de la ciudad mediterránea. Es su etapa más introspectiva.
Matisse descubre la belleza del desnudo. Está abstraído en el centro de su interes, la figura humana. Dice “Mi pintura, que en sus orígenes había partido de cierta exuberancia, se había desarrollado” hasta la claridad y la sencillez. Con un evidente deseo de abstracción cromática para lograr formas cálidas y lúcidas en las que el arabesco era el protagonista. Un sensual Matisse disfraza a las mujeres a las que pinta como odaliscas. Son desnudos llenos de voluptuosidad que muestran a un Matisse, apasionado lector de Baudelaire. A su 1º cuadro lo tituló con un verso del poeta, Lujuria, calma, voluptuosidad, una estrofa de La invitación al viaje.
Se orienta hacia el color puro y la linealidad. Sensual, colorista. En “Matisse los Años voluptuosos” con obras presentadas por 1ª vez en España, puede apreciarse su etapa en Niza. Hasta el 20 de septiembre de 2009 es posible apreciar sus obras menos difundidas.
El comisario de la temporada en el Thyssen, Tomás Llorens dice “Intento demostrar en esta muestra que la obsesión del color puro en Matisse no era tal. Trato de desmontar que esa imagen del pintor basada en que la pintura del siglo XX tiene que pasar del naturalismo a la abstracción, que ha de olvidarse de los efectos de profundidad para ir a la bidimensionalidad y al color puro, en el caso de Matisse, no es verdad. Él era un hombre muy reflexivo, publicó en varias ocasiones sus opiniones sobre la pintura, y en ningún momento habló de abstracción. Es más, en alguna ocasión incluso la rechaza. La conclusión a la que he llegado es que no hay una evolución lineal en Matisse. Sus primeras pinturas estaban más próximas a la herencia impresionista y a Cézanne, al que admiraba. Y en Cézanne había una manera de tratar la profundidad que no tenía que ver con la perspectiva. Ésa es la herencia que Matisse trata de desarrollar”. “Es un artista cuya obra está basada en su sensualidad y voluptuosidad, pero con una relación difícil, muy cerebral”
Se nutrió del impresionismo y de Turner, del arte musulmán, de Seurat , Van Gogh y de las estampas japonesas, pero fundamentalmente de Cézanne, “el buen Dios de la pintura”.
Matisse recupera su interés por las ventanas, en el que aparece la preocupación por lo interior y lo exterior, tema que descubrió en Colliure con Derain, Gris y el escultor Maillol. Para Alberti, el cuadro tenía que ser como una ventana en la pared. El primero en modificar ese concepto de la visión fue Cézanne, y eso es lo que admira Matisse.
Con el joven Picasso, se encontró en París en 1905. Por entonces, Matisse era el maestro. Durante un tiempo vivieron pensando y trabajando a la par. “Las cosas que nos dijimos Picasso y yo durante esos años nunca se volverán a decir, y si se dijeran, nadie sería ya capaz de entenderlas. Éramos como dos alpinistas atados a la misma cuerda”. Más tarde se distanciaron y surgió entre ellos una gran rivalidad. A la muerte de Matisse, en 1954, Picasso dedicó un cuadro a quien fuera su amigo, La sombra sobre la mujer: una ventana, un violín y una odalisca.
En clara referencia a Freud Matisse habla de “voluptuosidad sublimada” en su relación con sus modelos; y dice sentirse “impregnado”, y por eso trabaja siempre a dos palmos de la modelo. Mientras se sumerge en su pintura, el mundo cambia o desaparece a su alrededor.
La Fundación Barnes de Estados Unidos, en 1930, le encarga una nueva versión de La danza. Vuelve a al estilo decorativo, aunque más abstracto. La finaliza en 1933 y vuelve a su pintura de intimidad y comienza sus “dibujos a rayas”, a lápiz o a pluma. Se vuelca en el dibujo.
En 1941, vuelve a trabajar después de un año de sufrir una operación de un tumor de duodeno. Próximo a la muerte trabaja como quien quiere dejar un legado. Se centra en el dibujo usando términos musicales: el tema y las variaciones.
El tema son dibujos a carboncillo, muy trabajados, grandes y simplificados. Una vez tiene el tema, hace las variaciones, con un trazo, como una escritura. “La música y el color no tienen nada en común, pero siguen caminos paralelos. Siete notas, con alguna ligera modificación, bastan para escribir una partitura, ¿por qué no podría suceder lo mismo con la plástica?”.
Museo Thyssen-Bornemisza
Madrid Palacio de Villahermosa Paseo del Prado, 8
28014 Madrid – ESPAÑA
Tel.:(+34) 91 369 01 51
Fax: (+34) 91 420 27 80
Correo electrónico: mtb@museothyssen.org
Tarifas
Colección Thyssen-Bornemisza + Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
General: 6,00 €
Reducida: 4,00 € (Mayores de 65 años y estudiantes previa acreditación). Gratuita: Menores de 12 años acompañados (excepto grupos).
Exposición Matisse
General: 5,00 €
Reducida: 3,00 €
Vía: El País



